Consideraciones acerca del trauma y otros desvaríos en metapsicología (Leopoldo Rodriguez)

Consideraciones acerca del trauma y otros desvaríos en metapsicología

Por Leopoldo Rodriguez

En términos económicos, el trauma se caracteriza por un aflujo de excitaciones excesivo, en relación con la tolerancia del sujeto.

Laplanche y Pontalis.

Diccionario de psicoanálisis.

 

 

Este texto así como su objeto atraviesa líneas de fuga o estancamiento, está en el orden de lo racional y también en el del deliro. Sepa el lector entrenado entender tanto los paralelismos como las disyunciones.

Es objeto en tiempo presente aunque se refiera a un episodio o, mejor dicho, al daño que este produjo o bien introdujo en el sistema psíquico (entiéndase también como objeto introducido o como estructura arrancada que deja su fantasma más doloroso y presente).

La conciencia y su correlato unificado, valga decir: la coherencia que se encuentra casi de forma permanente fluctuando entre los polos del delirio (modelo de normalidad neurótico-occidental) no carece de la posibilidad, facultad poco explorada en la civilización Occidental, de colocar de manera voluntaria a la mente en un sistema “por defecto” (default neural network) que hace decrecer la velocidad de fluctuación del entendimiento y acaso detenerla por completo durante algún tiempo. Desde Oriente existe una verdad ontológica diferenciada que puede sintetizarse en la siguiente expresión: “Discipline is never an end in itself, only a means to an end” [La disciplina no es un fin en sí mismo, es solo un medio para un fin]. Mientras sigamos confundiendo nuestros medios con finalidades, con objetivos a alcanzar u “objeto en sí”, como mucho obtendremos destrezas (Nietzsche: “quien adiestra su mente esta le besa la mano a la vez que la muerde”).

Una cordura que, luego de fluctuar no puede regresar a un estado de quietud o a estados más armónicos de movimiento, se fija [su conciencia] en las porciones dañadas: las arrastra en su devenir, tanto al polo racional como al místico inefable.

La base siempre es recurrencia del trauma -ya que de esta forma se da su procesamiento, aberrante o resolutivo-, según sea tránsito en resolución o refrenamiento masoquista que, cargando  ideaciones de las más diversas contribuyen a su fijación limitando la coherencia. Ambos polos del delirio se aproximan, la consciencia comienza a horadarse exhibiendo grados de porosidad y agrietamiento que agencian elementos delirantes. Su espacio se acota a la vez que se impregna de delusiones. El núcleo se debilita, pierde cohesión, deviene permeable lo que aumenta el influjo de registros aberrantes cada vez que colisiona con ambos polos. Explicaciones obsesivas, justificaciones, sobre-racionalizaciones (ordenamiento paranoico) y consideraciones del tipo mágico/divino (ordenamiento esquizofrénico), o bien se mantiene cohesivo si se le da el lugar propio dentro de las esferas de lo limitadamente razonable y lo ilimitadamente inexplicable. Así, el tránsito  vascular del núcleo a través de la zona dañada (entendimiento de su grado de incomprensibilidad como su grado de ligazón con lo razonable) hace (de su recurrencia) la posibilidad de procesamiento cohesivo. Una forma arrastra el trauma; la otra lo transita cicatrizándolo (ordenamiento depresivo).

Volviendo al epígrafe de Laplanche: es lo que el individuo, nosotros, puede o no tolerar. Hacerlo o no depende de una multiplicidad de líneas de tensión, debilitamiento, contención social, del momento particular que atravesamos en la cultura, de la naturaleza del trauma en relación con la personalidad (valores, condiciones biológicas, enfermedad previa, cultura, subcultura, etc.).

Cuando sufrimos por un hecho traumático significa que no estaríamos teniendo el continente para ese contenido específico. Lo que menos importa de hecho es el contenido. A pesar de formar parte fundamental es solo un factor dentro de la multiplicidad.

Es un hecho que el ser humano, en mayor o menor grado, se ha reblandecido.

 

 

2017

 

 

 

 

Leopoldo Rodriguez nació en 1980, en Mendoza. Estudió Biología molecular en San Luis mientras leía a Spinosa y Nietzsche. Deleuze y Wittgenstein marcaron un antes y después. No culminó sus estudios pero siguió investigaciones en química de vegetales probando experimentando en sí mismo. Regresó a Mendoza donde descubrió su vena de polistrumentista. El psicoanálisis, que antes había rechazado, comenzó a nutrirlo. Su producción teórica se  basa en el paradigma foucaulteano de la salud mental. Su poesía está fuertemente influenciada por el pensamiento de los verdaderos americanos.

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